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Del Mictlán al Mediterráneo: el Día de Muertos florece en la Vall d’Uixó

hace 1 día
2 min de lectura

Las Cuevas de San José acogieron una celebración mexicana que recuerda cómo las tradiciones indígenas y cristianas se encontraron hace siglos y hoy vuelven a unir a México y España.




La Vall d’Uixó (Castellón), noviembre de 2026.


Fue una grata sorpresa encontrarnos, durante el fin de semana del 31 de octubre y 1 de noviembre, con una celebración del Día de Muertos al estilo mexicano en las Cuevas de San José (Coves de Sant Josep). Este enclave, uno de los principales atractivos turísticos de la Vall d’Uixó, alberga uno de los ríos subterráneos navegables más largos de Europa.


El papel picado, las flores y las calaveras llenaban de color el entorno. En el interior de la cueva, un altar con fotografías, velas y alimentos invitaba a conocer el verdadero sentido de esta tradición: recordar con cariño a quienes ya partieron.


Una tradición nacida del encuentro de dos culturas


Mucho antes de la llegada de los españoles, diversos pueblos indígenas de México ya honraban a sus muertos con ceremonias y ofrendas. Entre los antiguos nahuas existía la creencia en el Mictlán, uno de los destinos de los difuntos, distinto del infierno de la tradición cristiana.


Fue alrededor de 1523 cuando llegaron los primeros franciscanos, entre ellos fray Pedro de Gante, e iniciaron la evangelización, encontrando prácticas profundamente arraigadas que no desaparecieron con la llegada del cristianismo. A lo largo de los siglos, aquellas costumbres se adaptaron y convivieron con las celebraciones católicas de Todos los Santos, el 1 de noviembre, y los Fieles Difuntos, el 2 de noviembre.


Así fue configurándose el altar mexicano, en el que las flores de cempasúchil, el copal, el agua y los alimentos comparten espacio, en muchas familias, con la cruz, las imágenes religiosas y las oraciones. Mientras la tradición católica invita a rezar por el descanso de los difuntos, la ofrenda popular simboliza la bienvenida a los seres queridos, a quienes se recuerda con sus fotografías y comidas favoritas.


Es una expresión del sincretismo entre las culturas indígenas y la española, con manifestaciones distintas según la región de México. En el fondo, ambas orillas comparten algo esencial: el deseo de mantener viva la memoria familiar.


Cuevas de San Jose.
Cuevas de San Jose.


Una tradición cada vez más presente en España


La migración y los intercambios culturales han dado nueva visibilidad al Día de Muertos en España. Este año, Madrid celebró un desfile de catrinas con el festival ÁNIMA y Barcelona acogió su quinto Paseo de Catrinas. En Valencia también se organizan altares y encuentros vinculados a la comunidad mexicana, aunque todavía no cuenta con un desfile semejante consolidado.


La celebración en las Cuevas de San José es otra muestra de cómo esta tradición encuentra nuevos espacios para acercar las culturas mexicana y española.


Reconocidas por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, las fiestas indígenas dedicadas a los muertos recuerdan que no se trata simplemente de una decoración colorida, sino de una forma de transmitir nuestras raíces mediante la identidad y memoria entre generaciones.


Quizá esa fue la mayor belleza de encontrarnos con un altar mexicano en una cueva de Castellón: comprobar que, a miles de kilómetros de México, las flores y las velas siguen expresando un sentimiento universal.

"Quienes amamos permanecen con nosotros mientras los recordamos"


Luz Carmen Vargas.

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